El profesor José Antonio Medina escribió sus reflexiones sobre el Concilio Vaticano II en preparación para su próximo curso sobre dicho Concilio.
A los católicos de las nuevas generaciones no les tocó vivir los cambios que se dieron en la Iglesia Católica en los años 60s. concretamente después del Concilio Vaticano II. No les tocó ir a Misa y que la gente no pudiera participar porque no entendían el idioma en que los sacerdotes celebraban y no participaban de ninguna manera en los ritos pues el sacerdote celebraba de espaldas a la gente y el sólo decía en secreto las oraciones, tampoco podían cantar pues el único ritmo era el canto gregoriano que también se cantaba en un idioma que no era el de los participantes. Muy poca gente comulgaba porque había una sensación que sólo unos poco lo merecían. El sacramento de la Confesión causaba mucho miedo porque había la sensación de que los sacerdotes regañaban. La moral cristiana era muy rígida y estar en gracia requería muchos sacrificios, y la predicación entonces estaba centrada en que los oyentes se reconocieran pecadores. Sólo podían alcanzar la santidad los sacerdotes y las religiosas. En general la visión de la vida cristiana era bastante trágica. Las Iglesias eran largas y en ocasiones muy altas porque la intención es que fueran como una entrada al cielo. El catecismo era muy corto, era sólo preparación a la primera comunión, y se enfocaba en que el niño memorizara unas cuantas verdades de fe y las oraciones básicas. La Iglesia veía a la sociedad y al mundo como enemigos de la fe. La relación con los hermanos protestantes era a la defensiva, ellos están en el error y nos pueden contaminar con sus doctrinas. El sacerdote era el único que sabía de las cosas de Dios y mucha gente pensaba que él debía tomar todas las decisiones importantes, incluso en asuntos familiares, él es el que sabe. No había estudios bíblicos, la Biblia era un adorno en el librero de la casa, pero no un libro para leer. En general no se conocían los evangelios, el único evangelio del que la gente sabía algunos pasajes era el de San Mateo porque era prácticamente el único que se leía los domingos en la Misa, y algunos pasajes del evangelio según San Juan porque se leía en Cuaresma y Pascua.
Esta descripción de cómo era la vida de la Iglesia antes de los 60s es un poco exagerada, pero nos ayuda a entender que importante fue el Concilio Vaticano II para ver y vivir la Iglesia que somos hoy. Por supuesto estamos en camino de construir la Iglesia que Jesús quería y el cristianismo que exprese plenamente lo que es el Evangelio, pero Vaticano II nos ayudó a todos a vernos como responsables de nuestra Iglesia, a comportarnos como cristianos adultos, a compartir las responsabilidades que surgen de nuestro bautismo. A participar plena, activa y conscientemente en todas las liturgias, pero especialmente en la Santa Misa. A vivir la vida cristiana en clave de esperanza, en comunión y colaboración con nuestros hermanos y hermanas, pues nos salvamos en comunidad. A ver el mundo como el lugar donde se realiza nuestra salvación, pues nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras relaciones sociales nos acercan o nos alejan de un Dios vivo que camina junto a nosotros. En el Vaticano II el Espíritu Santo iluminó a nuestros obispos a pensar con honestidad la mejor manera de evangelizar en las nuevas condiciones sociales, culturales y religiosas que vive el mundo de hoy.
Estudiar el Concilio Vaticano II y ponerlo lo práctica es una tarea de todos, incluyendo a obispos presbíteros, diáconos y a todos los que queremos encarnar el evangelio en nuestra vida en la vida de la Iglesia y la sociedad hoy.
–José Antonio Medina, S.Th.D. es profesor en CRS. Ha sido profesor de la mayor parte de los institutos de formación para el Ministerio en California y Nevada.